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La menstruación según la
Historia
Problemas relacionados:
Desde muy antiguo ya se trataba el problema de las pérdidas del ciclo y, para
recuperarlo y normalizar las reglas, se utilizaron excrementos de hombres y
animales cocidos con diversas sustancias, aunque también se usaron polvo y
cenizas de huesos de reptiles, pelos de liebre, corazón de ciervo, testículos de
zorro o simplemente el poso del vino mezclado con aceite. Los tratamientos
médicos clásicos de los problemas asociados con la menstruación se fundaban
básicamente en intentar que la regla bajara y no se "durmiera", para lo cual
aconsejaban con frecuencia la toma de emenagogos como el ajenjo, la sabina, el
azafrán o la ruda; popularmente fueron muy famosas las infusiones diarias de
perejil.
Para calmar los dolores menstruales aconsejaban la aplicación de paños calientes
en las zonas dolorosas, la toma de infusiones de manzanilla o hierbaluisa, e
incluso alguna copita de alta graduación alcohólica.
A los médicos clásicos también les llamó mucho la atención el problema de la
Endometriosis.
Este es un término utilizado en medicina para definir la heterotopia o
localización aberrante y congénita de tejido endometrial (de la mucosa uterina),
que puede ser interna cuando se localiza en la pared del mismo útero o en las
trompas de Falopio, o externa cuando lo hace en cualquier otro lugar fuera del
útero: ovarios, vejiga, peritoneo, cicatriz umbilical, etc...
Los médicos la explicaban antiguamente diciendo que la congestión que provocaba
el flujo catamenial simplemente se "equivocaba de sitio y camino", o bien que la
naturaleza, para suplir la pérdida que se debía producir en la matriz acudía a
otros órganos para compensarla, "de la misma forma que un río bloqueado busca
otras salidas para la corriente de agua".
En épocas muy antiguas y en muchas partes del mundo se creyó que la época
menstrual procuraba a la mujer una inteligencia y un juicio extraordinarios,
aptos para desentrañar los más agudos misterios humanos.
Otros consideraron que las mujeres, al sangrar, enfermaban todos los meses, por
lo que les procuraron todo tipo de cuidados (hasta no hace muchos años tuvo
cierta fama la Clorosis, una anemia hipocrómica de las vírgenes menstruantes).
Pero tanto los médicos como la gente en general advirtieron que mientras algunas
mujeres no experimentaban indisposición alguna en el momento de sus reglas,
otras presentaban los días previos a las reglas perturbaciones funcionales muy
variadas, que iban desde los cólicos intestinales, a las molestias renales,
hinchazones, sensación de cansancio en los muslos, tumefacción dolorosa de las
mamas, dolores de cabeza, fetidez de aliento, aparición de herpes labiales, etc...
Posiblemente lo que más llamó la atención fueron los cambios de carácter,
volviéndose algunas mujeres más sensibles, nerviosas, irritables e
impresionables de lo que era normal en ellas.
Toda esta sintomatología tan variada fue considerada como entidad clínica en
1931 gracias a la descripción clínica que hizo el doctor R.T.Frank de Chicago
denominándola Síndrome Premenstrual, que afecta del 40 al 60% de las mujeres.
Curiosamente, la mayoría de las mujeres han considerado este síndrome como "de
mala suerte", siendo en realidad de mayor importancia social que médica.
La malignidad de la sangre menstrual, tema que veremos en el próximo número de
la revista, se encontró estimulada especialmente al asociarse las reglas con
alteraciones psíquicas leves o graves. Se relacionó con la agresividad
injustificada, la cleptomanía, las tendencias incendiarias e incluso con los
asesinatos; todo esto desarrolló un complejo hecho patológico que hoy en día se
agrupa con el nombre de Neurosis Premenstrual. Algunos autores achacan a ésta la
llamada Histerodemonopatía, que desencadenó durante la Edad Media las famosas
"cazas de brujas".
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