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La menstruación según la
Historia
Descripción
de la época:
No podemos evitar poner aquí la descripción que hace de las menstruaciones Juan
de Cárdenas, joven médico que emigró en el siglo XVI al Nuevo Mundo, en su libro
Problemas y secretos maravillosos de las Indias (1591) y que, a pesar de su
estilo pesado y recurrente, es un claro ejemplo de las ideas aristotélicas de la
época; dice así:
"Si alguna evacuación de sangre puede en el cuerpo humano llamarse natural y muy
conforme a la salud y conservación dél es la llamada menstrua o menstrual, por
cuanto le sucede a la mujer, como no sea niña o vieja o esté preñada,
puntualmente de mes a mes y esto con tanta utilidad y provecho de su salud que
el venirles con concierto le libra y repara de millones de enfermedades,
causando gracioso color en el rostro, fuerzas en los miembros, apetito de sanos
y loables mantenimientos, siendo tan al contrario en faltándole, que de la tal
falta o retención le suceden infinitos males (...); finalmente no se puede
llamar mujer sino retrato de duelos la pobre y miserable que en pasando de los
catorce años la tal evacuación no tuviese".
Posteriormente hace una explicación de porqué aparece en la pubertad y
desaparece en el embarazo que también merece la pena reproducir aquí:
"La mujer crece y aumenta hasta los catorce años –dice– y en este tiempo toda la
sangre que engendra se gasta y consume en el aumento de sus miembros, pero
después de los catorce que deja de crecer, toda aquella sangre que primero se
consumía en el aumento de los miembros, no ay en que se gaste y consuma, porque
el hombre, como es de complexión cálida y fuerte y así mismo se ejercita mucho,
tiene fuerza para consumir y gastar la tal sobra de sangre, expeliéndola barbas
y otros insensibles excrementos, pero la mujer, que es fría y tiene poca fuerza
y calor para gastarla y assí mimo no se ejercita, cosa clara es que le ha de
sobrar y, si le sobra, ¿a qué miembro puede ir demasiada y sobrada que no dañe?
Solo pudo ir a las venas y vasos de la matriz por donde evacuarse pudiese, salvo
si la mujer no estuviese preñada, porque si lo está detiénese la sobredicha
sangre para sustento y nutrición de la criatura, ansí que por estos respectos
procuró naturaleza encaminar la sangre que sobra en el cuerpo de la mujer a los
vasos de la matriz para que por ellos de tanto a tanto tiempo se evacuase".
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