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¿Cómo se produce el ciclo
menstrual?
El ciclo menstrual tiene básicamente dos fases: folicular y lútea. La ovulación
marca el final de una fase y el inicio de la otra. Durante la fase folicular, la
hipófisis comienza a segregar grandes cantidades de una hormona llamada
folículo-estimulante o FSH, que viaja a través de la sangre para actuar en los
ovarios, desarrollando los folículos (entre 10 y 100 en cada ciclo). Los
folículos a su vez comienzan a segregar grandes cantidades de estrógeno, hormona
que circula también por la sangre para actuar en todos los tejidos de la mujer.
Simultáneamente el hipotálamo libera otra hormona en pequeña cantidad llamada
prolactina, que interviene en la maduración de los folículos del ovario. Como
consecuencia de los altos niveles de estrógeno, el hipotálamo comienza a liberar
otra hormona llamada luteinizante o LH que completa la maduración del folículo,
transformándolo en un gran folículo que entre las 12 y 36 horas se romperá,
liberando al óvulo. En esta fase folicular el endometrio (capa interna del
útero) comienza a prepararse para recibir el óvulo fecundado, y el cuello del
útero segrega grandes cantidades de moco para facilitar el viaje de los
espermatozoides para su encuentro con el óvulo. El momento de la ovulación dura
como máximo 36 horas, tiempo durante el cual el óvulo debe ser fecundado, de no
ser así en las horas siguientes el óvulo es desintegrado y reabsorbido por otras
células a nivel de la trompa de Falopio.
La fase lútea, que sigue a la ovulación, se caracteriza por la aparición en el
ovario en la zona donde se libero el óvulo (folículo) de un tejido muy rico en
colesterol, de color amarillento, motivo por el cual se lo denomina cuerpo
amarillo. Este tejido comienza a formar grandes cantidades de progesterona, cuya
función principal es la de preparar al endometrio para alimentar al huevo
fecundado hasta que este último pueda nutrirse de la sangre materna a través de
la placenta. También la progesterona estimula que el cuello del útero segregue
un moco muy espeso que impide la entrada en el mismo de gérmenes que puedan
afectar al huevo en crecimiento. De no haber fecundación el cuerpo amarillo se
desintegra y los niveles de estrógeno y progesterona caen abruptamente y en
aproximadamente 10 días aparece el sangrado menstrual, debido a la ausencia de
hormonas ováricas. Dará comienzo entonces, un nuevo ciclo, una nueva posibilidad
de generar otra vida.

Si el óvulo es fecundado, las células que van a transformarse más adelante el
placenta empiezan a segregar una nueva hormona, la gonadotrofina coriónica
humana, que detectada en la sangre materna mediante un estudio de laboratorio
confirma el embarazo. Esta última hormona hace que permanezca vital el cuerpo
amarillo y continúe produciendo grandes cantidades de progesterona, que
mantienen segregante de nutrientes al endometrio para alimentar al huevo
fecundado hasta que pueda ser alimentado por la placenta. El cuerpo amarillo es
fundamental durante las primeras 10 semanas de la gestación.
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