Se trata de una afección endocrina que afecta entre un 5% y un 10% de las mujeres en edad reproductiva. Quienes presenten este problema, tienen mayor riesgo de sufrir infartos de miocardio y diabetes tipo 2 o intolerancia a la glucosa en edad adulta, ya que se asocia con la resistencia a la insulina e hiperinsulemia y frecuentemente con el colesterol y la obesidad.
Es una enfermedad que se caracteriza por la presencia de imágenes quísticas en ambos ovarios. Además, por la presencia de tres problemas simultáneos: obesidad o sobrepeso, anovulación -la ausencia de ovulación- que ocasiona periodos menstruales irregulares con tendencia a retrasarse; e hiperandrogenismo, que es el incremento en la producción de hormonas masculinas, lo cual provoca que las mujeres que lo padecen tengan más vello en la cara, tórax y muslos, y hasta ciertos caracteres de masculinidad en grado avanzado.
Esta afección parece tener un componente genético, por lo que las afectadas, generalmente, tienen antecedentes familiares de ambos sexos con: diabetes, obesidad, triglicéridos elevados, hipertensión arterial. Y del sexo femenino con: infertilidad, hirsutismo y alteraciones menstruales.
Pueden aparecer estos síntomas: oligomenorrea o amenorrea, la primera es cuando el intervalo entre dos menstruaciones es de 36 a 90 días, y la segunda cuando se produce la falta de menstruación. Falta de ovulación, infertilidad, hirsutismo -exceso de vello en el cuerpo ocasionado por la producción excesiva de hormonas masculinas- y acné.
Es importante aclarar que esta enfermedad no se puede curar pero sí tratar. La forma de tratamiento más común y efectiva es tomar la píldora anticonceptiva, con lo cual se puede: mantener los niveles hormonales en balance -que ayuda a que los períodos se den en forma regular-, mejorar el acné, disminuir el crecimiento del vello y reducir el riesgo de cáncer endometrial.
Las mujeres con este síndrome han mostrado tener mayor tendencia a la diabetes gestacional y problemas de resistencia a la glucosa durante el embarazo, por lo que es recomendable medir los niveles de glucosa al comienzo del mismo y de nuevo a las 26 o 28 semanas.