Toda mujer en algún momento de su vida, claro que hay excepciones, quiere quedar embarazada. En esta etapa debe estar lo mejor posible, para así asegurar la salud del bebé. En principio, se puede decir que un embarazo ideal es aquel que es buscado y en el cual los padres están preparados tanto emocional como físicamente, además de estar bien económicamente para poder costear los gatos que representa semejante cambio en la familia. Pero esto no siempre es así. De igual manera, para toda mujer es un hecho único e importantísimo.
Cuando el bebé ya está en camino, es recomendable que la mujer esté en condiciones óptimas de salud. Para ello son fundamentales la alimentación y la actividad física. Primero, consultar con el doctor cuál es el peso adecuado por las características físicas, para en caso de estar excedida planear una dieta balanceada para alcanzarlo.
La alimentación cobra vital importancia, porque ya no sólo se trata de la mujer, sino que ahora todo lo que ella ingiera va a contar para su estado de salud y el del bebé. Está demostrado que en esta etapa la alimentación se relaciona con aspectos tales como: la salud en general del bebé al nacer y su desarrollo cerebral y de médula espinal, el desarrollo del embarazo y del parto.
Entonces, tener en cuenta que ciertos hábitos como el fumar, consumir algún tipo de droga o medicamento, tomar alcohol o café en exceso, etc. deben ser evitados por completo para que en el embarazo resulte más fácil eliminarlos.

Con la alimentación se puede reducir el riesgo de complicaciones como anemia, disminuir molestias de calambres, fatiga, estreñimiento y mareos; además de favorecer el parto y la recuperación posterior. Hay que tener en cuenta que una alimentación adecuada durante el embarazo no significa que hay que comer por dos, porque duplicar la cantidad de alimento no significa asegurar la buena nutrición.
Se debe limitar el consumo de cafeína contenida en el café y en los refrescos de cola; no abusar del consumo de productos light o con edulcorantes. Asimismo, está estrictamente prohibida la automedicación. Si se tiene algún malestar, consultar con el médico y seguir sus indicaciones.
La mujer debe verificar que los productos lácteos a consumir estén pasteurizados y que el agua para tomar sea hervida o purificada. Es primordial sentarse a comer en un ambiente agradable y masticar muy bien todos los alimentos, ya que esto ayudará a aprovecharlos mejor.
Se aconseja tomar un litro de leche por día o sus derivados (como yogur o queso). La leche contiene proteínas, carbohidratos, grasas, calcio, fósforo, sodio y vitaminas A, D, B6 y B12. El yogur además de calcio, contiene vitaminas, sales minerales y ácido fólico (previene la espina bífida).
La mayoría de los quesos son seguros por las técnicas actuales de tratamiento de lácteos, pero es bueno evitar aquellos que están hechos con leche no pasteurizada y los quesos suaves (brie o camembert) y azules (roquefort), que podrían contener listeriosis, una enfermedad perjudicial para la criatura.
Aunque parezca raro, algunas hierbas pueden poner en peligro la salud del bebé; por eso es imprescindible consultar con el ginecólogo antes de beber alguna infusión o preparado de hierbas. Las hierbas digestivas no son muy recomendables porque pueden contener sustancias perjudiciales para el desarrollo del bebé.
Se debe evitar comer productos que contengan muchas calorías pero sin nutrientes importantes como los snacks o las golosinas. Si dan ganas de comer algo dulce de forma reiterada, es mejor ingerir una fruta fresca.
También se aconseja comer varias veces en la semana pescado, porque contiene ácidos grasos esenciales y vitaminas A y B, entre otras. Aunque es preferible no comer pescados y mariscos crudos porque pueden causar envenenamiento o contener anisakis (un parásito que provoca alergia).
En cuanto a las carnes, las proteínas que contienen son necesarias para el crecimiento del útero, el desarrollo del bebé y el aumento del volumen sanguíneo. Tampoco hay que comer carne cruda, semicruda o embutidos caseros, así se evita contraer toxoplasmosis (enfermedad que puede traer daños cerebrales en el bebé o causar aborto).
Respecto de la actividad física es fundamental llevarla a cabo. Para aquellas mujeres que ya practicaban algún deporte no hay problema en que sigan haciéndolo, aunque se les puede recomendar una rutina de ejercicio, ya que durante esta etapa la forma en que trabaja el cuerpo cambia de manera importante y el ejercicio puede ayudar a mantener su buen funcionamiento.

Pero para las que no están acostumbradas a realizar actividad física éste es el peor momento para iniciarlo. Todo lo que intenten hacer les causará cansancio, por lo tanto se aconseja esperar a que termine el embarazo.
El ejercicio físico ayuda a mantener una buena salud en cualquier momento de la vida y en especial durante el embarazo. Una mujer embarazada tiene menor tolerancia al esfuerzo físico. Entonces, como recomendación general, es conveniente que realice una actividad física moderada. Son aconsejables los paseos, la natación y los ejercicios aprendidos en el curso de educación materna.
Se debe evitar la práctica de deportes violentos, de competición o que produzcan fatiga. Es importante hacer ejercicio de manera regular, al menos tres veces por semana. Para evitar posibles riesgos no hacer ejercicios que obliguen a permanecer acostada en el suelo, que requieran retener la respiración o que aumenten en exceso la temperatura del cuerpo.
Cuando se practica un deporte hay que ingerir cantidades adecuadas de calorías y líquidos para mantener una correcta hidratación. Hay que procurar mantener en equilibrio la actividad y el reposo. Conviene reposar unas dos horas diarias, tomando una siesta o por lo menos sentándose a descansar. Evitar pasar mucho tiempo sentada o parada en una misma posición. Y para ayudar a mejorar la circulación de las piernas y a evitar la hinchazón de los pies, se debe caminar por lo menos de 15 a 20 minutos, cada dos horas.