Todo literato novel sueña con ella. El más grande escritor latinoamericano, a mi parecer, Gabriel García Márquez, la llamó Mamá Grande. Y fue quizás el mejor apelativo para describirla, porque ella todo lo pudo.
Es una agente literaria española, que ha representado al ya citado Gabo, Mario Vargas Llosa, Camilo José Cela, Juan Goytisolo, Bryce Echenique, Manuel Vásquez Montalbán y a tantos otros escritores consagrados.
Carmen pudo con las editoriales y logró un cambio sustancial a favor de los autores. Ha luchado como nadie por los derechos de éstos que se encontraban, hasta su aparición, sumisos a los caprichos de las editoriales. Realmente logró una revolución en la industria editorial de lengua hispana -en principio-, pero también para la de otros países.
Esto ocurrió en los años sesenta, cuando esta avasallante mujer comenzó a exigir a los editores que aceptaran plazos temporales para los contratos, que renunciaran a reservarse el derecho de gestionar las traducciones, y a veces, a pedirles controles de tirada y de impresión.
En mayo de 2000, a la edad de 70 (nació en 1930) y después de casi cuarenta años de trabajo, anunció su renuncia al oficio de agente literaria.