
Nació en Ciudad de México el 31 de marzo de 1914; y murió en la misma ciudad en 1998. Fue su abuelo paterno -soldado retirado de las fuerzas de Porfirio Díaz, intelectual liberal y novelista-, quien, desde pequeño, le inculcó el amor por la literatura.
Se trata de uno de los grandes escritores hispanos de todos los tiempos. Su obra abarca varios géneros, destacándose la poesía y el ensayo. También ha hecho algunas traducciones. Además de su intensa labor en la literatura, se ha desempeñado como profesor, conferencista, periodista y diplomático.
En su poesía, nacida en el postsimbolismo, dejó las formas tradicionales, para así desarrollar un estilo muy personal y puro. Su obra se sitúa en una perspectiva crítica de la modernidad, que supo combinar con la experiencia religiosa oriental (vivió en la India más de diez años).
La temática que tocó va desde el amor, el erotismo, lo religioso hasta la metafísica del
ser. En cuanto a sus ensayos, trató infinidad de temas, dentro de los que sobresalen los de asunto mexicano, así lo demuestra su clásico libro “El laberinto de la soledad” (1950).
Publicó su primer poema, Caballera, en 1931 en la revista Barandal. Dos años después, a la edad de 19, editó “Luna Silvestre”, una colección de poemas. En 1937 terminó sus estudios universitarios y viajó a Yucatán para trabajar en una escuela cercana a Mérida. Ese mismo año visitó España, durante la Guerra Civil. De regreso a su país, en 1938, participó como cofundador en una revista literaria llamada Taller, en la cual escribió hasta 1941.
En 1943 recibió la Beca Guggenheim y comenzó sus estudios en la Universidad de California, Berkeley en los Estados Unidos. Dos años después inició su labor como diplomático en Francia, donde estuvo hasta 1962.
También fue director de la revista Plural y creador de la revista Vuelta, la cual en 1993 recibió el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.
Entre los galardones que recibió se encuentran: premio Cervantes (1981), premio Internacional Menéndez Pelayo (1987) y premio Nobel de Literatura (1990), convirtiéndose así en el primer escritor mexicano en recibirlo.
Su obra poética abarca estos títulos: “Libertad bajo palabra” (1958), “Salamandra” (1962), “Ladera Este” (1969), “Vuelta” (1976), “Árbol Adentro” (1987). En el libro “El fuego de cada día” el propio Paz reunió una significativa selección de su obra poética.
De sus ensayos se pueden citar: “El Arco y la Lira” (1956), “Las peras del olmo” (1957), “Cuadrivio” (1965), “Conjunciones y Disyunciones” (1969), “El signo y el Garabato” (1973), “Los Hijos del Limo” (1974), “El Ogro Filantrópico” (1979), “In-mediaciones” (1979), “Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe” (1982), “Tiempo Nublado” (1983), “Sombras de Obras” (1983), “Hombres en su Siglo” (1984), “Itinerario” (1994), “Vislumbres de la India” (1995).
Y sus traducciones son: “Versiones y diversiones” -Paz reunió sus traducciones poéticas-, “Sendas de Oku” -de Matsuo Basho- (1957), “Antología de Fernando Pessoa” (1984).
Además, fueron reunidas sus conversaciones con diversos interlocutores en “Pasión crítica” (1985) y sus prosas de juventud en “Primeras letras” (1988). Póstumamente se publicó “Memorias y palabras” (1999), donde se reunieron sus cartas (1966-1997) al poeta español Pere Gimferrer.
Disfruta de su impoluta pluma:
La calle
Es una calle larga y silenciosa.
Ando en tinieblas y tropiezo y caigo
y me levanto y piso con pies ciegos
las piedras mudas y las hojas secas
y alguien detrás de mí también las pisa:
si me detengo, se detiene;
si corro, corre. Vuelvo el rostro: nadie.
Todo está oscuro y sin salida,
y doy vueltas y vueltas en esquinas
que dan siempre a la calle
donde nadie me espera ni me sigue,
donde yo digo a un hombre que tropieza
y se levanta y dice al verme: nadie.