La mayor presencia de la mujer en el mercado laboral, así como la mayor
planificación familiar provocan que cada vez un mayor número de parejas tengan
sólo un hijo.
También influye de una manera determinista en esta decisión el hecho de que cada
vez las parejas se formen o formalicen su situación a edades más maduras, con lo
que también se retrasa la toma de decisiones en cuento a cuando tener hijos y
esto determina en muchas ocasiones el número.
De esta manera no sorprenden las últimas estadísticas presentadas que indican
que el 45% de las parejas de los países desarrollados, con EEUU a la cabeza,
tienen hijos únicos.
Entonces, como dijimos anteriormente
son varias las causas que llevan a tener un solo
hijo, las más comunes son: las mayores oportunidades de la madre para trabajar
fuera de casa, la ruptura de los matrimonios y la infertilidad. Sea cuales sean
las razones para tener familia numerosa o un hijo único, la decisión desde luego
no debe basarse en lo que hasta ahora se ha dicho de estos últimos. Veamos
porqué.
ROMPIENDO TOPICOS
Pocas son las personas que al conocer un hijo único exclamen ¡qué suerte!, más
bien al contrario, se tiende a pensar que el hecho de serlo es una desventaja en
la infancia, juventud y edad adulta. Este tópico es, además, expresado
normalmente en voz alta con frases tipo: “pobre, se aburrirá ¿no?”, o “¿y cuando
vas a darle un hermano?. Pues bien, estudios empíricos realizados en la
actualidad no sólo echan por la borda todas estas firmes creencias, además ponen
de manifiesto que pueden tener efectos perjudiciales para los niños y para los
padres.
El primer efecto nocivo de estos pensamientos negativos es que uno de cada doce
niños nacidos inspira pena o desconfianza. Se tiende a juzgar al hijo único como
más egoísta, mandón y mimado. Esta actitud hacia los niños también afecta a sus
padres, ya que les puede crear un sentimiento de culpabilidad, pueden tener
complicaciones en la relación con sus hijos o pueden tener más hijos de los que
realidad querían tener. Con las posibles complicaciones que esto puede acarrear:
criar a un hijo no plenamente deseado afecta a la salud y a la felicidad de los
padres. Además, los hijos queridos a medias tienen más posibilidades de
encontrarse con una aceptación poco entusiasta y corren más riesgo de
desarrollar patologías y de sufrir maltrato, aunque sea psicológico
Mucho se ha escrito sobre el problema que encarnan los hijos únicos, ya que al
tener toda la atención y los cuidados de sus padres y adultos de su entorno,
corren el peligro de volverse egoístas, inestables y necesitados de protección
durante toda su vida.
Pero los estudios publicados no hacen más que poner en duda que los hijos únicos
tengan mayores problemas que los hijos de familias numerosas para integrarse en
la sociedad y desarrollar su vida con normalidad.

En 1975, un estudio publicado por Psichological Review reveló los hijos únicos
son más inteligentes que los nacidos en una familia numerosa.
Los expertos ponen en manos de los padres la responsabilidad de conseguir que
los hijos únicos desarrollen su potencial y capacidades. Aseguran que la mejor
de todas las opciones es no protegerle en exceso, ya que le haría temeroso de
los demás.
Enseñarle a compartir y a relacionarse con niños de su edad, que no con adultos,
se vislumbra igualmente como una estrategia inteligente. De esta manera es
aconsejable que se integre en la guardería o en el colegio lo antes posible, y
animarle a jugar con otros niños, incluso en casa, trayendo invitados de vez en
cuando con los que compartir diversiones.
Para ver los efectos a largo plazo de la condición
de hijo único, es decir el adulto sin hermanos, se han realizado varios estudios
(Claudy, Farrel y Dayton 1979; Blake,1981; Glenn y Hoppe,1984). Los resultados
revelaron que son pocas las diferencias entre los adultos con o sin en hermanos,
de hecho, las pocas que se encontraron tienden a lo contrario, los hijos únicos
adultos parecen ligeramente más exitosos socialmente , tiene puestos de trabajo
más prestigiosos y se casan con personas mejor educadas. Además, parecen
encontrar más placer a la vida.
En cuanto a los adolescentes,
el estudio en el que nos basamos para este artículo se realizó en adolescentes
holandeses sin hermanos. Examina las afirmaciones de que los hijos únicos tiene
una juventud menos feliz al verse sometidos demasiado pronto a la forma de
pensar y al comportamiento de los adultos y que se convierten en “cerebritos”,
buenos en el colegio pero con menos posibilidades de ser populares.
Los resultados concluyeron que
los hijos únicos no se diferencian de los que tienen hermanos en lo se refiere a
felicidad ni satisfacción en la vida. Su autoestima tampoco es inferiory no dan
tanta importancia a su belleza y aptitudes deportivas. Perece ser que si se
encuentran en cierta desventaja ante situaciones específicas, como puede ser
desempleo de los padres. El estudio interpreta esto como un fundamento a la idea
de que los hijos únicos tienden a estar sobreprotegidos. Una vigilancia continua
podría resultar sofocante en la vida familiar.
COMBATIR
LA SOLEDAD
Se mire por donde se mire, es el mayor obstáculo al que se enfrentan los hijos
únicos, la soledad. Los hermanos son en muchas ocasiones una válvula de escape
para los pequeños. En ellos pueden depositar sus temores, sus conflictos,
juegos, y también les permite compartir complicidad ajeno a los mayores.
El hijo único pronto debe acostumbrarse a su posición en un mundo de adultos,
con su lenguaje diferente, reglas, entre otras cosas. Por eso, la relación con
niños es primordial para los hijos únicos.