Todo es un drama, los cambios de humor son una constante en estos pequeños, los caprichos están a la orden del día. La catástrofe comienza si algo se les cae, al no encontrar un juguete, cuando la mamá quiere vestirlos nada es de su agrado y toda la ropa les resulta incómoda, ninguna comida les agrada y el baño y el peine se convierten en sus peores enemigos.
Todo es motivo para que rompan en llantos interminables. Esta situación se da habitualmente en niños de tres años y es normal que estos cambios de humor asusten y preocupen a los padres. Por lo general cuando por algún motivo quedan al cuidado de los abuelos o de los tíos su comportamiento es maravilloso, no lloran y todo les parece bien, pero cuando llegan papá y mamá se acabó el nene bueno.
Esto se debe a que en esta edad los chicos luchan con un montón de sensaciones nuevas que les cuesta expresar y sólo se les ocurre llamar la atención de sus padres, tienen muchos miedos y no aceptan que séstos los reten, sienten impaciencia cuando necesitan algo y no quieren un no como respuesta.
Es aconsejable estar pendientes de sus requerimientos pero tratar de solucionarlos en el momento que surjan, no debemos perseguirnos con estas situaciones porque son etapas que se van superando a medida que el niño crece, el secreto consiste en contenerlos y estar disponibles en el momento en que nos necesiten, debemos ser comprensivos con ellos pero firmes en nuestra postura cuando por alguna razón debemos decir que no; siempre debemos darle una explicación simple y comprensible a sus tres años.
Papás es fundamental tener paciencia con los niños.