Saber comer implica saber manipular los alimentos en la cocción, por ende, también implica incluir la mayor variedad de alimentos en nuestra dieta.
Uno de los puntos fundamentales del arte de cocinar consiste en saber sazonar y combinar los sabores de los alimentos que componen nuestro plato. La cocina moderna tiene un vasto abanico de posibilidades en cuanto a hierbas deshidratadas y conservantes artificiales de todo tipo.
Pero considero que los mejores sabores siempre están en la cocinas que utilizan alimentos y hierbas frescas para la cocción de los platos. No hay nada más agradable que el olor a perejil u orégano que desprenden ciertas salsas. Esto no sólo alimenta al apetito, sino que representa un aliciente para el alma.
El orégano, el romero, la albahaca y el ají son algunas de las hierbas que bien se lucen al usarlas frescas, y para mantenerlas así, teniéndolas en pequeñas macetas que adornen y aromaticen nuestra cocina y nuestras comidas.
El orégano fresco es un buen aromatizante de pizzas, salsas y vinagretas. Y para realzar su sabor, nada mejor que picar algunas hojitas antes de servir la comida en la mesa. Además es un buen tónico digestivo y puede ser cocnsumido en té e infusiones.
El ají fresco es una importante fuente de vitamina C, A y hierro. Es una
hierba libre de colesterol y grasas saturadas, lo que la convierte en la elgida a la hora de condimentar las comidas. Estas propiedades están en mayor cantidad en el ají secado al sol que en el que viene deshidratado, en el paquete industrial.
El romero es la especia por excelencia de la cocina mediterránea. Además sirve como tónico para el dolor menstrual, muscular y es un buen estimulante para la caída del pelo, al ser consumido en tisanas.
La albahaca es una hierba ideal para sazonar pescados y realizar comidas ligeras como huevos revueltos u omelettes. Su sabor refrescante es mucho más sabroso cuando se pican unas cuantas hojitas y se las espolvorea en la comida. También es ideal para saborizar aceites y vinagretas.